A veces olvidamos que la persona que es nuestro contacto con un cliente, o un proveedor, también es un ser humano como nosotros, y posiblemente un empleado que sólo trata de defender los intereses de la empresa en que labora de la misma forma que nosotros lo hacemos.
Nada mejor para terminar una semana laboral que dando un apretón de manos (aunque sea “virtual”) a un colega con el que momentos antes se discutía sobre los cambios de un proyecto.
Como en aquella caricatura del perro ovejero y el coyote, que al terminar su día laboral dejaban las agresiones atrás y se iban juntos a casa, como amigos.
No suelo escribir directamente sobre mi vida. No suelo escribir entradas como si se tratara de mi diario personal. Y quizás hoy no lo haga, como tal.
Pero necesito desahogarme.
Por problemas de comunicación y organización, he quedado atorado en un problema con un proyecto. tendré que trabajar el fin de semana largo: jueves, viernes, sábado y domingo. Quizá deba cancelar mis vacaciones que no había podido tomar desde diciembre y que tomaría la próxima semana. Soy una persona tranquila… pero, como diría Juanelo: ¡por la grandísima…!
En fin, soy una persona tranquila y no hallé a un inocente y pequeño animal que pudiera patear, o un muro lo suficientemente suave y lo suficientemente no-federal como para golpear así que me desquito escribiendo en mi blog. Si, fantástico desquite.
Pero como sea, mañana voy con mi novia, mi A’mael, mi querida Ariadna-sama como estaba planeado y vuelvo temprano para darle al trabajo…
Sé que mis superiores me satanizarán por hacerlo… pero yo prometí que no dejaría que el trabajo consumiera mi vida.
¿Que si prefiero arriesgar mi empleo por ir a ver a mi novia un día que no verla y dedicarle todo el tiempo al trabajo?
¡Por supuesto! Mi novia es la persona más importante en el Universo para mí, más que yo mismo. Si perdiera mi trabajo, podría buscar otro: no busco éxito, sólo necesito comer. Si perdiera a mi a’mael, ¿como podría encontrar a alguien a quien pudiera amar y me amase tanto como ella?.
Sé que ella me entendería si no pudiera ir a verla, se que ella no me dejaría por una tontería así. Y esa es una razón mas fuerte que me hace ir a verla. Que alguien tan compresiva, cariñosa y genial como ella no merece ser pasada a segundo plano jamás.
En fin, me retiro a descansar que mañana hay que salir de excursión temprano.
Espero, para la próxima vez, traer un cuento o escrito pues ideas tengo, pero el tiempo y la tranquilidad de alma para plasmarlas, muchas veces no…
Espero, ansioso, que den las seis para recibir tu llamada.
Guardar mis cosas y despedirme de mis compañeros de oficina rápidamente. Luego, bajar las escaleras y cruzar la calle para entrar en la estación de Metrobús y encontrarte allí, mi dulce niña, esperando por mi.
Abrazarte y decirte al oído cuanto te he extrañado, y lo feliz que estoy por tenerte entre mis brazos nuevamente.
Luchar juntos con la gente que baja y sube del transporte por abordar, juntos.
Viajar apretados, abrazados, hasta nuestro destino.
Luchar nuevamente, ahora por bajar, y transbordar al autobús que ha de llevarnos a nuestro castillo.
Dormir en el camino, recargados el uno en el otro y sin soltarnos las manos, hasta que una misteriosa alerta biológica nos indique que estamos cerca de nuestro destino.
Los Grandes Dragones esperan encerrados en sus prisiones de cristal por vernos llegar, mientras los Dragones Guardianes vigilan en grupo a nuestra Princesa.
Los Guerreros y los Orcos descansan juntos soñando que al llegar no los hemos de despertar sólo por la emoción de verlos luchar.
Nuestro castillo nos espera esta noche, y por la mañana los cachorros que hemos de ayudar a educar.
Espero ansioso que den las seis, para despertar la fantasía que sólo existe a tu lado.
Y aunque sé que esta tarde no llegarás al punto acordado, y que ilusionarme es soñar en vano…
…espero ansioso que den las seis.
Este caballero se arrodilla, derrotado, ante ti.
Pero sabe que en la siguiente batalla venceremos.
Esperaré tu llamada, mi princesa, para volver a levantar la espada…
y, por una última y definitiva vez, enfrentar al dragón y ganar nuestra libertad.
No sin deseos de detenerte y mantenerte a mi lado por y para siempre, te he dejado en el tren que te ha de llevar de vuelta a tu hogar.
Aún tengo el sabor de tus labios en los míos, y el tacto de tu piel en mis manos. Aún siento el aroma de tu cabello en mi nariz, y escucho el rítmico latir de tu corazón en mis oídos. Aún veo tu tierna mirada al cerrar mis ojos, y siento tu presencia a mi lado y a mi alrededor.
Saturas mis sentidos, llenas el vacío en mi vida, en mi alma, en mi corazón.
Te quiero tanto, pero sé que aún no como te lo mereces.
Te quiero tanto como nadie jamás me ha permitido quererle antes.
Te quiero tanto…
Comenzando con esta entrada, pondré algunos comentarios sobre la misma junto al texto que la compone de verdad.
Ayer, 9 de Octubre, ha sido mi cumpleaños número 23. Desde que tengo verdadera conciencia, los cumpleaños han sido terriblemente molestos, recordándome que soy un año más viejo, que estoy un año más cerca de la muerte. He odiado los cumpleaños, en especial los míos, desde entonces.
Pero este año es diferente. Este año, usando como excusa la “fecha especial” para conseguir los permisos adecuados, el Consejo Trascendental (una parte de él, al menos) se ha reunido en mi Castillo para celebrar una pijamada. Mi querida Yoru-sama ha estado aquí, y por primera vez en meses he tenido un sueño placentero con ella cerca de mí.
Agradezco a todos los que me han felicitado en este día, que aunque no considero especialmente “especial”, ha estado lleno de maravillas.
Y en especial agradezco a Yoru-sama, por estos dos meses, por su cariño, por su comprensión y por soportar todas mis extravagancias y torturas y a pesar de ello, quererme como lo hace.