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Archivo para la Categoría ‘ Galaxia Keith’

Clío, Cuentos, Galaxia Keith, Pensamientos

La niñez del Profeta Khual

Viernes, Mayo 22, 2009

El Gran Bardo se sentó sobre un tocón de árbol que alguien acercó a la hoguera. Después, acercó su arpa y la afinó mientras los presentes se acercaban y, sentándose en la hierba, formaban un círculo alrededor de él.

El Gran Bardo dirigió una reverencia al rey Phiel y a la reina Ilean que se encontraban sentados en primera fila, y con mágicas notas salidas del roce de sus dedos con las cuerdas del arpa, regalo del mismísimo Rey, comenzó su historia:

A diferencia de lo que dicen las leyendas, el Profeta Khual no apareció simplemente sobre el mundo, ni el mar lo lanzó río arriba hasta llegar a un bosque en las montañas donde fue criado por las creaturas que ahí residían. No, señor, no. Khual Karey nació de un padre humano y de una madre humana, como todos los aquí reunidos.

El padre de Khual, el orgulloso Duque Marheal Karey era sólo un jovencito cuando conoció a la doncella Bethmar Morville durante uno de sus escapadas de su mansión. Marheal y Bethmar se enamoraron a primera vista, y desde ese momento nunca se separaron. Pero los padres de ambos jóvenes estaban totalmente en contra de su unión, por lo que ellos escaparon, y construyeron su cabaña en lo profundo de un bosque perdido en las montañas. Fue ahí donde concibieron a Khual, y donde creció durante los primeros años de su vida.

Pero pasados los años, las familias de Marheal y Bethmar decidieron que preferían soportar el amor entre sus hijos, antes que no volverlos a ver y enviaron mensajeros a buscarlos por todo el país.

Eventualmente, los mensajeros encontraron a la familia, y la guiaron de vuelta a la hacienda de los Karey, donde se había construido una nueva casa sólo para ellos.

Los Karey trataron de ser felices en su nuevo y más lujoso hogar, pero la libertad que el bosque les había ofrecido no existía más. La familia y los vecinos les espiaban constantemente, les observaban y dejaban libre su lengua soltando chismes y calumnias que lograron confundir el corazón de ambos.

Bethmar decidió que no podía vivir así, y le comentó a Marheal la posibilidad de volver a su cabaña en el bosque. Pero Marheal sentía una gran deuda con sus padres y sentía que no podía dejarlos.

Bethmar amaba a Marheal. Pero no podía soportar estar prisionera de él, sobre todo cuando desde hacia tiempo se dejaba manipular por sus emociones, desconfiando de ella, creyendo en aquello que otros decían y más tarde imaginando terribles mentiras por sí mismo.

Bethmar abandonó su residencia, pero dejó al pequeño Khual con su padre. “Tu podrás darle todo lo que necesite, mientras yo ni siquiera se a donde me dirigiré”, explicó.

Marheal lloró la partida de Bethmar por semanas, pero su orgullo le impidió ir a buscarla y retractarse.

Eventualmente, Marheal se caso con una mujer que sus padres eligieron para él, pero que odiaba al pequeño Khual porque le recordaba al verdadero amor de su marido. Lo mantuvo con vida y le proporcionó lo necesario para vivir, es cierto, pero también lo trato siempre como si él fuera mucho menos que el resto del mundo.

A pesar de vivir entre su padre, que moría un poco más en su interior con cada año alejado de Bethmar, y su madrastra, Khual se sintió siempre abandonado. Y fue por ello que busco refugio en los Dioses, que le adoptaron como a un hijo propio y lo guiaron por los caminos de la sabiduría que lo convirtieron en el sabio profeta que hoy conocemos: solitario, atormentado por la tristeza y la desesperación y anhelante de volver a los brazos de nuestra madre, Keith.


Galaxia Keith, Pensamientos

Nunca prometas…

Lunes, Abril 20, 2009

Las Leyes Keithianas dicen, sobre las promesas:

Las promesas están ligadas a tu Honor y deben ser cumplidas, por ello:

  1. Nunca prometas nada que no estas dispuesto a cumplir.
    Si logras vencerme, prometo humillarme en público…”.
    Si en verdad estas dispuesto a hacerlo y no lo dices por pura confianza en que ganarás la apuesta, adelante.
  2. Nunca prometas nada que no puedas controlar.
    ”No te preocupes, te prometo que mañana va a llover”.
    No prometas que el clima se comportará de cierta forma si no eres capaz de controlarlo.
  3. Nunca prometas cambiar nada que no vayas a cambiar de todas formas.
    ”Si paso este examen, prometo ponerme a estudiar más”.
    Pases o no el examen, DEBES ponerte a estudiar más. La promesa no es válida.

Leyendas de la Galaxia Keith

Los Oráculos de Tahoe-Ma

Jueves, Enero 29, 2009

Y así, Tahoe entregó una piedra a cada una de las hijas de los Seis Padres de los Hahura y les indicó: “Protejan estas, sus más preciadas joyas, pues son y siempre serán los Oráculos que guiarán el camino de los Elementos que conforman a mi tierra, Tahoe-Ma”.

Y Tahoe se elevó en los cielos y se perdió entre las nubes, y desde entonces las Herederas de los Seis Reinos portaron y protegieron con orgullo las Gemas de Tahoe que simbolizaban y guiaban el poder de los Seis Elementos, cada uno de ellos protegido por un Reino: el Trueno por Quebeley, el Agua por Arganthem, el Fuego por Kim-Kamra, el Metal por Hiroshi, la Luz por Lascar y la Oscuridad por Koregan.


Crónicas de BlackMatter

Ellen

Domingo, Agosto 17, 2008

Le vi caer herida por mi causa. No quise mostrar mi verdadera identidad y no pude protegerla.
Mirándola ahora en su cama de hospital, terriblemente lesionada y casi al borde de la muerte, me pregunto si este secreto vale tanto como la vida de la mujer que amo.
No. No lo vale.
Entro en estado de meditación para comunicarme con los que habitan en mí.
- Es peligroso, la materia oscura esta diseñada para contener a miles de almas pero sólo una de ellas puede dominar. -
- Aunque le cedieras parte de tu poder, la materia oscura es una y sólo una. Los dos estarían unidos por siempre, como siameses tratando de separarse. -
- Es sólo una humana y si le das el poder a la fuerza no sabemos como vaya a reaccionar a la simbiosis -
- Lo intentaré de todos modos -

Coloqué mis manos alrededor de su cuerpo, cubriéndola con un cálido abrazo al mismo tiempo que la materia oscura se iba separando de mi cuerpo y deslizándose sobre el de ella, formando un tenebroso capullo negro.
Momentos después, ella estaba retorciéndose de dolor dentro de la cubierta viscosa. Empezaba a perder sus sistemas biológicos que eran reemplazados por símiles de materia oscura.
- Estoy contigo. Trato de ayudarte – Le susurré mientras la mantenía entre mis brazos.
La transformación terminó pronto y ella se despertó sobresaltada. No podía controlar su cuerpo que, aunque mantenía la figura general humana, por instantes alargaba sus brazos o deformaba su rostro perdiendo su forma normal.

Ellen me miró asustada.
- ¿Que me has hecho? -
- Te salvé la vida -
La cargué como pude, y rompiendo el vidrio de la habitación del hospital salté hacia fuera. Usando mi experiencia en columpiarme por los edificios creando con la materia oscura cadenas negras o alas para planear; me alejé de la zona urbana con Ellen en mis brazos.

- ¿Qué me esta pasando? – preguntó asustada
- Discúlpame por no decírtelo antes, Ellen, pero esta es mi verdadera identidad -

Le mostré la apariencia que solía mostrar cuando estaba en las calles, jugando al héroe. Un atuendo completamente negro que trababa de asimilarse a un atuendo ninja. El rostro cubierto por retazos de tela negra dejando solamente al descubierto dos ojos completamente blancos.
- Si, Ellen, yo soy al que llaman BlackMatter y ahora he compartido mi poder contigo para salvarte -
Ellen se quedó atónita y no supo que responder, mientras seguía luchando con el dolor inherente a la transformación.

Pasaron varios días antes de que Ellen se acostumbrara a la materia oscura. La mayor parte del tiempo mantenía su forma humana, por la costumbre.
Sin embargo, a pequeños arranques emocionales solía cambiar su aspecto de forma errática y muchas veces influenciada por las horrendas formas que yo mismo había hecho tomar a la materia oscura en ocasiones.

Seis meses pasaron antes de que Ellen controlara esos arranques por completo, y pudiera volver a casa.
Sin embargo, este tiempo fuera la había cambiado volviéndola fría, cabizbaja y silenciosa…
- Escucho voces en mi cabeza – me había dicho.
Por supuesto, eran esas miles o quizá millones de almas que habitaban la materia oscura, las almas con quienes se había sellado el pacto de asimilación, pero que ahora estaban confusas al tener dos almas predominantes en lugar de sólo una.

El destino es cruel y más aun cuando trata de evitarse.
No mucho tiempo después de volver a la ciudad, acudimos al cine. A la salida caminamos por los callejones, platicando de algún asunto sin importancia, cuando nos encontramos con el mismo demonio que la hubiera dejado moribunda meses atrás.
- Me sorprende verte… viva – exclamó burlonamente aquel repugnante ser
Sin responder, y sin dudar un instante, Ellen uso el poder de la materia oscura para lanzar un par de cadenas de sus manos, con las que aprisionó al demonio.
- Black…BlackMatter!! – tartamudeó asustado el demonio al verla transformarse.
- Ellen…- traté de tranquilizarla, pero no me escuchó. En un instante, sus manos se habían convertido en cuchillas que hacían pedazos el cuerpo del demonio a punta de puñetazos.
- ¡Ellen! -
Ellen me miro con los ojos inyectados en furia; y sin reconocerme se lanzó contra mí.
- ¡Tu me hiciste esto! – gritó encolerizada, con voz grave y monstruosa.
Mi experiencia me fue útil para detener y esquivar los ataques de Ellen mientras trataba, en vano, de hacerla entrar en razón.
La situación empeoró cuando traté de controlar su materia oscura con mi propia alma. Enloqueció por completo y, generando largas y extrañas extremidades de su cuerpo, comenzó a destruir todo a su alrededor mientras crecía de tamaño y tomaba formas cada vez más bizarras y horribles.
Sabía que Ellen no era más la que trataba de dominar ese pedazo de materia oscura. Eran esas almas dentro de ella las que buscaban tomar el control. Ellen no había sido lo suficientemente fuerte como para dominarlas.
Del pecho de aquel monstruoso ser negro se asomo el rostro humano de Ellen, empapado en lágrimas.
- Perdóname -
Solamente dijo esa palabra antes de que el rostro se separara del cuerpo, como si lo hubieron arrancado de su cráneo, y cayera en seco sobre el pavimento.
- Ellen… perdóname tú a mi… -
Entonces, expandí mi cuerpo de materia oscura lo más que pude, para cubrir a aquel ser. La lucha interna fue dura por mi confusión pero, como su legítimo controlador, el monstruo de materia oscura cedió y se unificó conmigo.
Así, la fragmentada alma de Ellen pasó a ser parte de las almas menores que me habitan.
Después de todo, seguiremos juntos por siempre.


Crónicas Keithianas, KayLin

El Palacio de Cristal

Jueves, Julio 24, 2008

Este es un capítulo más de la Saga “Keithian Chronicles”, que comencé a escribir el año pasado como una forma de transmitir la enseñanza Keithiana a mi heredera, a mi querida princesita KayLin. Este es un capítulo escrito además a manera de regalo de cumpleaños. Te quiero, princesita. Feliz cumpleaños.

Atravesamos el portal y nos encontramos en un enorme salón recubierto de espejos. La pequeña KayLin corrió al centro del lugar, mientras giraba maravillada de los reflejos en toda la habitación.

- Papi, ¿Que lugar es este? – me preguntó con su dulce voz.

- Es uno de los puentes entre los mundos que podemos habitar, princesita. – respondí mientras la tomaba en mis brazos para cargarla. Nos dirigimos hacia el portal, también recubierto de espejos, al fondo del salón.

- ¿Cuales son los mundos que podemos habitar? – siguió interrogando mi dulce niña, a quien aún llevaba en brazos.

- Son diversos. Son todos aquellos en que nuestro poder, nuestra alma, nuestra existencia tiene influencia. Por supuesto, el mundo del que provenimos, nuestro reino, nuestra natal galaxia Keith es el principal mundo en que podemos habitar, al igual que la Realidad en que nuestros cuerpos biológicos existen. Pero mas allá de estos dos, hay muchos reinos en que podemos influir, muchos de ellos siendo mundos personales de los seres con que hemos cruzado el camino. – expliqué mientras caminaba con KayLin en brazos por el pasillo de salida de aquella habitación de espejos. El ambiente se tornaba cada vez más frío, por lo que use un poco de materia oscura para crear una capa de tela rosada y forro afelpado blanco que coloqué en la espalda de mi hija.

Al final del pasillo, una puerta fabricada de un material cristalino nos dio acceso al vestíbulo de la construcción.

KayLin miró asombrada el lugar. Había permanecido acurrucada en mis brazos mientras avanzábamos hacia ahí, por lo que no había puesto atención en que el único material que se había usado para construir tan imponente edificación era un mineral cristalino de tonos celestes.

- Es nuestro palacio construido en el Territorio del Norte del Reino de Sombras. Es nuestro Palacio de Cristal. – exclamé.

- Es hermoso – respondió KayLin que comenzó a danzar deslizándose ligera por el piso, también de cristal. Cuando la miré momentos después, ya no era la pequeña niña que había llevado en brazos. Tenia la figura y belleza de una joven princesa Keithiana en su coronación.

KayLin sintió la mirada que le estaba dedicando, y se volvió hacia mí preguntando
- ¿Que pasa, papi? -

- Nada – respondí disimulando la mirada y elevándola hacia el techo, donde las estrellas del firmamento se reflejaban entre los cristales creando un mapa estelar irreal y hermoso sobre nuestras cabezas.

- Esas estrellas han estado siguiendo tu danza, hija – señalé las estrellas que se reflejaban desde cielo – desde el principio, y por todo este tiempo -

- Lo dices como si hubieran sido muchas horas las que hubiera estado bailando, papi – KayLin rió.

- No han sido horas, ni días… han sido años. Mírate – señalé una pared, donde un espejo se encontraba como parte de la construcción. – ya eres toda una señorita. -

KayLin se miro en aquel espejo. Sabía que era diferente de cuando habíamos llegado al Palacio, pero de alguna forma no podía notar la diferencia.

- En el Palacio de Cristal el tiempo no sigue leyes. Fluye a un ritmo distinto en cada lugar y en cada persona. Yo no pude sino permanecer aquí, mirándote a la distancia mientras continuabas tu danza seguida por las estrellas. Estos cristales que se usaron para construir el palacio, son los sueños y las ilusiones del mundo. -

KayLin me miraba intrigada.

- Sigue danzando, mi dulce princesita. Sigue navegando entre los sueños de las personas que te siguen como estas estrellas en el cielo. Y cuando estés cansada de bailar y desees seguir tu viaje, yo te esperaré afuera del palacio, bajo la bendición de la reina Karu y cubierto con el aliento gélido de Heather, que cubre esta Zona Penumbral. – dije, y tras darle un beso en la frente, salí del Palacio dejando a mi dulce princesita confundida bajo la mirada expectante de las estrellas.

Fin de la lección